Somos una empresa navarra de construcción especializada en cubiertas, rehabilitación y reformas. Nos mueve una idea sencilla y, por desgracia, poco habitual en el sector: hacer las cosas bien, decir la verdad y construir para que dure.
En una tierra pequeña como Navarra, el buen nombre es lo que de verdad importa. Por eso no buscamos ser los más grandes, sino los que vuelven a llamar y los que se recomiendan.
Nacimos del oficio, no del oportunismo. Quisimos montar algo propio para trabajar como creemos que hay que trabajar: con tiempo para hacer las cosas bien, con un tamaño que podamos controlar de verdad y sin sacrificar la calidad para facturar más. Preferimos crecer despacio y firme antes que mucho y mal.
Esa decisión está detrás de todo lo demás.
Visitamos cada trabajo dos veces al día. No es una frase: es la única manera de que nada se tuerza. Quien dirige la obra la conoce al detalle y está disponible para el cliente de principio a fin.
Te entregamos el presupuesto en persona, encuadernado y detallado, con las fichas técnicas de los materiales que vamos a emplear. Partida a partida, sabes exactamente qué se va a hacer y con qué.
Trabajamos con marcas de garantía y contrastamos los materiales críticos antes de ponerlos. No usamos un material solo porque sea más barato o porque nos lo vendan bien.
Si algo no es lo nuestro o no lo dominamos, te lo decimos y te orientamos. Preferimos perder un trabajo a hacerlo regular.
Y elegimos a nuestros clientes igual que ellos nos eligen a nosotros: buscamos relaciones de confianza y de largo plazo.
Detrás de cada tejado y de cada reforma hay un equipo que lleva años con nosotros. Gente de oficio, que conoce su trabajo y lo hace con orgullo. Los cuidamos de verdad: jornadas razonables, buen ambiente y los medios para trabajar seguros y a gusto. No es un detalle menor ni un eslogan. Lo tenemos clarísimo: para que una pared salga recta, quien la levanta tiene que estar bien.
La calidad empieza ahí, antes de pisar la obra. Y se nota. Hay clientes que nos dicen lo mismo que nosotros ya sabemos: que en nuestras obras nadie grita, que todo el mundo saluda, que está todo limpio y que hay respeto. Esa cultura es nuestra mejor garantía de que el trabajo se hará bien.
Al frente estamos Roberto —aparejador y químico de formación, que aporta el criterio técnico y pisa cada obra a diario— y Arantza —que lleva la gestión con un rigor que se nota en los plazos, en las cuentas claras y en el trato—. Pero la empresa no son dos personas: es un equipo que responde con un mismo nombre y una misma palabra.
Nuestro nombre no es una marca inventada: es una casa real. La casona de Cabodevilla, en Garínoain, se levantó a finales del siglo XV y está protegida como patrimonio. Su historia tiene algo poco común: fue tal su arraigo que las familias que vivieron en ella tomaron su nombre como apellido.
Así figura en los registros desde el siglo XVI, cuando en Navarra empezaron a consolidarse los apellidos vinculados a las casas solares. Quinientos años, generación tras generación, bajo el mismo techo.
La hemos comprado y la estamos rehabilitando con nuestras propias manos para convertirla en nuestra sede y nuestro hogar, respetando su carácter medieval.
Cuando esté lista, queremos atenderte allí, en un lugar diferente al resto. Mientras tanto, esa obra es la mejor prueba de cómo trabajamos: el mimo con el que tratamos una joya de quinientos años es exactamente el que pondremos en tu casa.
01.
Damos la cara y cumplimos la palabra. La mayoría de nuestras obras nacen de una recomendación.
02.
No sobrevendemos ni inflamos. Te aconsejamos lo que de verdad necesitas, aunque sea menos.
03.
Conocimiento técnico, materiales contrastados y supervisión diaria. Lo que prometemos, lo demostramos.
04.
Construimos pensando en que dure. Cuando salimos de una obra, salimos para no tener que volver.